| Leyendas de
Madinat-al-Zahra Capítulo primero Leyenda de la Guardia Califal |
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Allá por el siglo X, siendo Califa de Córdoba Abd al-Rahmán III al-Nasir (891-961), tenía su
residencia en Madinat-al-Zahra, la ciudad-palacio que él construyó en las cercanías de la
capital, en la que había una
guarnición de 12.000 soldados. Abd al-Rahmán desconfiaba de la lealtad de aquellos hombres, que
eran en su mayoría mercenarios beréberes, y temía que aprovechasen alguna de sus ausencias para
atentar contra su hijo y heredero al-Hakám (915-976). Así que decidió crear una Guardia personal
más reducida, para lo que seleccionó a cien caballeros, mayorazgos de las más importantes
familias de la nobleza musulmana andalusí, de probada lealtad a su persona, y que además habían
demostrado su valor en las últimas campañas de su ejército. La pertenencia a aquella unidad militar selecta fue muy apreciada por los notables andalusíes de entonces porque, además de encontrarse cerca del Califa, una vez cumplido un tiempo de servicio e instrucción militar superior, sus componentes podían ser destinados a los más altos puestos de mando del ejército, o bien designados como "walíes" o gobernadores de una "cora", de una plaza fuerte fronteriza o de una fortaleza califal de al-Ándalus. Aquellos que preferían dejar la vida militar, pasaban a ocupar importantes cargos en la Corte o en otras estructuras civiles del Estado. Todo fue bien hasta que los temores de Abd al-Rahmán se vieron confirmados. Sublevada la guarnición de Madinat-al-Zahra en ausencia del Califa, poco pudieron hacer contra ella los cien caballeros de la Guardia. Cumpliendo su juramento de fidelidad, fueron cayendo uno tras otro en defensa del heredero, hasta quedar todos muertos en el suelo, si bien con ello dieron tiempo a que al-Hakám huyera a uña de caballo, refugiándose en una fortaleza próxima. Desde allí envió emisarios a su padre Abd al-Rahmán, que regresó precipitadamente con su ejército a Córdoba, donde llevó a cabo cumplido y cruel escarmiento sobre los revoltosos. Lloró el Califa la pérdida de sus cien leales pero, para restar importancia a aquel episodio de traición de los beréberes, ordenó que no se diera especial relevancia a las honras fúnebres de los caballeros de la Guardia, y que lo ocurrido no fuera tenido en cuenta por los cronistas del reino para trasladarlo a la posteridad. No obstante, no pudo evitar que le acompañara hasta la muerte la penosa sensación de que no había agradecido debidamente el sacrificio de aquellos valientes. Sigue diciendo la leyenda que, cuando Abd al-Rahmán murió, al llegar al Paraíso y comparecer ante Alá Todopoderoso, éste le dijo: - Abd al-Rahmán, has sido un buen creyente y un buen Califa, por lo que quiero premiarte de una manera especial. Dime un deseo cualquiera y te lo concederé. A lo que Abd al-Rahmán contestó: - Nada quiero para mí ¡oh Alá Magnánimo!, pero ya que me ofreces este premio, te ruego que recompenses de alguna manera a los espíritus de los caballeros de mi Guardia, que dieron la vida por defender a mi hijo y al Califato. Pareció justa al Altísimo esta petición, y dispuso: - Sea como tú me pides, Abd al-Rahmán. Desde ahora y hasta la consumación de los siglos, la primera noche de plenilunio de cada año musulmán, Madinat-al-Zahra, en la que murieron los caballeros de tu Guardia, cuya ciudad pronto será destruida en castigo por sus culpas, recuperará su pasado esplendor durante tres horas, para que sus antiguos habitantes honren a los espíritus de aquellos soldados, y ellos a su vez prestarán nuevamente acatamiento a su Califa en una solemne ceremonia militar. Así lo mandó Alá, el Grande, el Compasivo, el Magnánimo, el Misericordioso, el Justiciero, principio y fin de todas las cosas, que es el mismo al que los cristianos llamamos Dios, y los judíos Jehová. Todos saben en Córdoba que no se puede ir a las ruinas de Madinat-al-Zahra durante la primera noche de luna llena del año musulmán, porque allí se está celebrando el alarde o gran parada militar de los espíritus, cuando el Califa Abd al-Rahmán III al-Nasir, que ha vuelto a la Tierra para ello desde el Paraíso, pasa revista a los caballeros de su Guardia, que dieron la vida por defender a su hijo y al Califato. |